Resolvemos tus dudas sobre la instalación de césped artificial

Depende del tipo de superficie. Si el terreno es irregular o natural (tierra), sí es recomendable añadir una capa de grava o base adecuada.

Esto permite nivelar correctamente el suelo, conseguir una superficie más estable y mejorar el drenaje, evitando acumulaciones de agua.

En superficies ya firmes y niveladas, como hormigón o baldosa, este paso no suele ser necesario.

Con el paso del tiempo o en zonas de mucho tránsito, es normal que las fibras puedan quedar algo tumbadas.

Para recuperarlas, basta con cepillar el césped en sentido contrario a la dirección de las fibras. Este sencillo mantenimiento ayuda a que vuelvan a levantarse y recuperen su aspecto original.

Además, añadir arena de sílice puede mejorar el resultado, ya que aporta estabilidad a la base y favorece que las fibras se mantengan más erguidas durante más tiempo.

El césped artificial cuenta con un sistema de drenaje que permite evacuar el agua con facilidad, por lo que, en condiciones normales, no debería encharcarse.

Eso sí, el resultado depende en gran parte de la base donde se instale. Si la superficie ya presentaba problemas de drenaje, es probable que el agua siga acumulándose.

Si el terreno está bien preparado y drena correctamente, el césped no solo no empeora la situación, sino que funciona perfectamente incluso en días de lluvia.

Depende de la superficie sobre la que se vaya a instalar. Si se coloca sobre un antiguo césped natural o terreno con vegetación, sí es recomendable aplicar un herbicida previamente para evitar que las malas hierbas vuelvan a crecer y puedan afectar a la instalación.

Además, para garantizar un resultado más duradero, se aconseja complementar este paso con la colocación de una malla antihierbas.

De esta forma, te aseguras una base limpia, estable y libre de brotes a largo plazo.

Sí, especialmente cuando el césped artificial se coloca sobre tierra o superficies con vegetación.

La malla antihierbas actúa como una barrera que evita el crecimiento de malas hierbas bajo el césped, impidiendo que puedan levantarlo o deteriorar la instalación con el tiempo.

Además, ayuda a mantener la capacidad de drenaje, evitando que raíces o restos orgánicos obstruyan los orificios del césped.

En superficies ya pavimentadas, como hormigón o baldosa, normalmente no es necesario instalarla.


Como cualquier superficie expuesta al sol, el césped artificial puede calentarse, especialmente en las horas de mayor radiación.

Aun así, existen formas sencillas de reducir la temperatura. Por ejemplo, refrescarlo con agua ayuda a bajar el calor de forma inmediata.

Además, si el césped está relleno con arena de sílice, esta retiene la humedad durante más tiempo, manteniendo la superficie más fresca.

En condiciones normales de uso, no supone un problema, y se puede disfrutar sin inconvenientes con pequeñas medidas como estas.






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